martes, 23 de noviembre de 2010

Sigmund Freud y el psicoanálisis

LA PSICOLOGIA DEL INCONSIENTE
Sigmund Freud y el Psicoanálisis

La psicología de Freud se centraba en las mentes anormales y pretendía desenmascarar la conciencia, incluso la conciencia normal, mostrándola como una marioneta a merced de una serie de impulsos primarios y repulsivos que no nos atreveríamos a reconocer.

Freud y la psicología científica
Freud presentó el psicoanálisis como una revolución.

Freud y la psicología académica
La influencia de Freud fue menor en la psicología académica que en cualquier otro ámbito relacionado con los asuntos humanos, excepto la economía.
Los conductistas negaban la existencia de la mente en su totalidad.
Además, el aislamiento del psicoanálisis con respecto a la psicología académica ha sido fomentado por el desarrollo del psicoanálisis como rama de la medicina, a pesar de las objeciones del propio Freud.

Freud y el método experimental
La <> sobre las que Freud erigió el psicoanálisis eran sus casos clínicos. Freud, en un principio, quería llegar a ser un psicólogo académico a imagen de Helmholtz, si bien finalmente, y para poder casarse, recurrió a la práctica de la medicina privada y desarrolló el psicoanálisis en el contexto de la psicoterapia. Según Freud, una terapia es eficaz si y sólo si la teoría científica de la que deriva es verdadera. Para Freud, el éxito terapéutico no era un fin como tal, sino que constituía la prueba de que la teoría del psicoanálisis era cierta.
El psicoanálisis pretendía reemplazar la introspección de sillón por la <>.
El origen del Psicoanálisis: 1884 – 1899
Freud y la biología
Ernst Brücke fue maestro de Freud y ejerció una gran influencia sobre él. Una vez que Freud inició su práctica clínica y comenzó a desarrollar el psicoanálisis como ciencia y como terapia.
Se supone que la ciencia debe descubrir verdades universales, leyes de la naturaleza que se cumplan a lo largo y ancho del tiempo y el espacio. En el caso de la psicología, esto supone descubrir leyes de la conducta humana que trasciendan de las culturas y épocas.
Actualmente el término <> es prácticamente sinónima de un trastorno completamente mental, pero en la época de Freud las neurosis se concebían como un trastorno principalmente nervioso. La neurosis más común, con diferencia, era la histeria. En el mundo pos-freudiano, la histeria se llama trastorno disociativo, y se define como una serie de síntomas físico con una causa psicológica; pero en los tiempos de Freud, se creía que los síntomas físicos de la histeria provenían de un trastorno desconocido del sistema nervioso.
Las neurosis reales eran verdaderas enfermedades físicas causadas por <> originadas normalmente por la masturbación. Las psiconeurosis, entre ellas la histeria, tenían causas <<> ya que las <> que provocan este tipo de trastornos se generan a causa de prácticas sexuales inapropiadas, como la masturbación en los adultos o la abstinencia.
En la primera teoría de Freud, la seducción sexual experimentada por un niño daba lugar al trauma que generaría más tarde la neurosis. En su teoría posterior, eran las fantasías sexuales de la infancia las que constituían las semillas de las neurosis adultas.
Freud como reformador sexual
Freud terminó considerando el sexo como el principal motivo en la vida del ser humano. El sexo proporcionaba una base orgánica a las neurosis y una base biológica universal para su psicológica teórica. Otra razón fue su <> de la sexualidad infantil como causa originaria de las neurosis. Encontramos una tercera razón en la historia social: para los hombres y mujeres de la época de Freud realmente era complicado habérselas con la sexualidad.
Freud describió la causa más habitual de la impotencia como la incapacidad de los hombres de amar a quien desean y de desear a quien aman, y no sólo porque las relaciones sexuales con la propia esposa pudieran dar lugar a tener descendencia.
El Freud clínico señalaba al sexo como el origen de los problemas de sus pacientes porque, en el contexto de aquella época, éstos se enfrentaban a grandes dificultades para conciliar el sexo con sus aspiraciones económicas y morales.
Freud como médico: el estudio de la histeria
El trastorno <> más frecuente en los tiempos de Freud era la histeria. Y durante mucho tiempo se pensó que sólo las mujeres podían padecerlo.
De la <>, los médicos del siglo XIX empezaron a considerarla como una enfermedad física de origen desconocido. Antes de la llegada de la medicina científica, la histeria se había considerado como una deficiencia moral, bien como una debilidad de la voluntad o como una posesión por espíritus malignos.
A menudo, los tratamientos de la histeria eran extremadamente <>. El tratamiento principal era la <>. Su versión más leve era la <>.
Las sesiones de tratamiento duraban entre diez y veinte minutos y se repetían con frecuencia. Muchos pacientes experimentaban graves reacciones adversas desde quemaduras hasta mareos o defecaciones.
Otras terapias consistían en impedir la respiración de la paciente, golpearla con toallas mojadas, ridiculizarla, someterla a duchas de agua fría, insertarle tubos por el recto, aplicarle hierros calientes en la columna vertebral y, en los casos <>, practicar ovariotomías y cauterizaciones del clítoris.
Un cambio importante en la concepción de la histeria comenzó con Charcot, cuyas ideas fueron importadas por Freud a Viena tras estudiar con él entre 1885 y 1886. Aunque Charcot continuaba creyendo que había un factor hereditario y orgánico en la histeria, también afirmaba que ésta tenía una importante causa psicológica.
La ciencia psicológica representa la lucha por descubrir la naturaleza humana; pero ni la naturaleza humana ni la psicopatología humana existen totalmente sin la sociedad.
Bertha von Pappenheim, que figura como Anna O, en los Estudios, era una mujer joven de clase media que tuvo que cuidar a su padre enfermo. Cayó presa de la histeria, sufriendo principalmente parálisis leves y dificultades para hablar y para oír. Tras tratarla durante un período de tiempo, Breuer descubrió que sus síntomas remitían cuando hablaba sobre ellos en estado hipnótico, recuperando en ese trance los sucesos olvidados que los habían provocado.
En algunos aspectos, Anna inventó la psicoterapia, puesto que fue uno de los casos documentados del siglo XIX en los que las pacientes histéricas guiaban a los médicos hacia su cura. Era ella quién fijaba su propio horario de terapia, se hipnotizaba y se llevaba a sí misma hasta las causas desencadenantes de sus síntomas, un procedimiento que ella denominaba <>.
Freud no tenía nada que ver con el caso de Anna O, pero le convenció a Breuer para utilizar su caso como pieza clave de una teoría sobre las causas y la cura de la histeria. El caso de Anna O, se reorganizó y Freud contribuyó aportando el resto de los casos que, junto con un capítulo teórico, constituyen los Estudios sobre la histeria.
Freud averiguó enseguida que la hipnosis no era la única manera de descubrir deseos e ideas inconscientes. Los pacientes podían ir descubriendo poco a poco su inconsciente a lo largo de una serie de sesiones de conversación desinhibida, guiada por las interpretaciones del terapeuta. En 1896, Freud utilizó por primera vez el término <> para describir su nueva técnica no hipnótica.
El error de la teoría de la seducción y la creación del psicoanálisis
No era la sexualidad sin más, sino la sexualidad infantil, a lo que Freud atribuía la raíz de las neurosis. Sin impulsos sexuales infantiles no habría complejo de Edipo, cuya feliz o desdichada resolución era determinante de la posterior normalidad o neurosis. La sexualidad infantil y complejo de Edipo desempeñaban también una función esencial en la idea misma de la psicología profunda. Según él, la causa última de los problemas de sus pacientes no se encontraba en su situación personal, sino en los sentimientos que habían tenido durante la infancia. Por consiguiente, la terapia consistía en ajustar la vida interior del paciente, no en cambiar las circunstancias en las que vivía.
El curioso episodio del error de la teoría de la seducción
La histeria es consecuencia de un shock sexual presexual, posteriormente ese shock se transforma en un [auto] reproche oculto en el inconsciente que sólo actúa en forma de recuerdos.
El 21 de Septiembre de 1897 Freud le confesó a su amigo Fliess que ya no creía en su teoría de la neurosis y propuso cuatro razones para abandonar la teoría de la seducción:
1. Fracaso terapéutico: estaba dispuesto a abandonar la teoría de la seducción porque no curaba a sus pacientes.
2. La histeria era un trastorno común. Si los abusos sexuales a menores eran su única causa, debería deducirse que este tipo de abusos proliferaba entre la población, algo que Freud consideraba muy poco probable.
3. El inconsciente simplemente toma las fantasías sexuales de la infancia por hechos reales y hace que el paciente se lo cuente al terapeuta como si se tratara de seducciones que realmente han tenido lugar.
4. Tales historias no aparecen en un estado de delirio, con todas las defensas mentales destruidas.
El psicoanálisis clásico: 1900 – 1919
La obra fundacional: la interpretación de los sueños (1900)
Freud consideraba La interpretación de los sueños como su obra maestra. El secreto revelado que Freud valoraba tanto era el de que los sueños no son una serie de experiencias sin sentido, sino que constituyen <>: un indicio de los más recónditos recovecos de la personalidad.
Freud se alineó con los filósofos y chamanes al considerar los suelos como afirmaciones simbólicas de una realidad inalcanzable a la experiencia durante la vigilia.
La tesis de Freud era que todos llevamos en nuestro interior deseos reprimidos que intentan constantemente lograr el acceso al control de la conducta. Cuando estamos despiertos, nuestro ego o yo inconsciente reprime tales deseos, pero cuando dormimos, la conciencia enmudece y la represión se debilita.
Freud afirmaba que todos los sueños son realizaciones de deseos, es decir, una expresión disfrazada de deseos inconscientes. Esta característica de los sueños es la que los convierte en la vía regia hacia el inconsciente: si quería descifrar un sueño y averiguar su significado oculto, habremos recuperado parte del material reprimido que nos hace neuróticos.
La teoría clásica de la motivación: tres ensayos sobre teoría sexual (1905)
La teoría clásica de la personalidad
El concepto de inconsciente psicológico es el único verdaderamente indispensable del psicoanálisis, la <>. Freud propuso dos teorías sobre el inconsciente. La primera ha recibido el nombre de modelo topográfico porque concibe la mente como un espacio en el que las ideas se mueven entre la conciencia y el inconsciente. El modelo topográfico era la versión que elaboró Freud del camino de las ideas propuesto por Descartes, Locke y los filósofos que les sucedieron.
Freud expuso detalladamente su concepción de la mente inconsciente en <> donde ofrecía dos argumentos principales para postular la existencia de un ámbito mental inconsciente. La primera <> era la afirmación de Freud del éxito terapéutico del psicoanálisis. Él sostenía que una terapia funcionaba si y sólo sí se basaba en una teoría verdadera de la mente. Su segundo argumento para creer en la existencia del inconsciente se basaba en la cuestión filosófica de las otras mentes planteada por Descartes. Freud defendía que igual que inferimos la presencia de la mente en las demás personas a partir de <> deberíamos hacer lo mismo en lo que respecta a nuestra propia mente.
Revisión y ampliación del psicoanálisis: 1920 – 1939
Las revisiones
El problema de la agresión: más allá del principio del placer (1920)
El argumento de Freud se basa en su concepción de los instintos como impulsos y de la conducta motivada por la reducción de los impulsos. Los instintos insatisfechos dan origen a estados de excitación que el organismo intenta reducir con una conducta que los satisfaga. La satisfacción es solo temporal, por lo que, tras un período de tiempo, el instinto debe satisfacerse de nuevo, lo que generan un proceso cíclico de excitación y satisfacción que Freud denominó compulsión repetitiva. Por lo tanto, parece que el estado óptimo que busca todo ser vivo es la completa relajación, la liberación de toda excitación. El ciclo de la compulsión repetitiva se interrumpe con la muerte, momento en que el objetivo de la vida se alcanza de forma permanente.
Postular el deseo de muerte ofrecía una solución al problema de la agresión.
Las estructuras de la personalidad: el Yo y el Ello (1923)
En Lo inconsciente, Freud había desarrollado los usos descriptivo, topográfico y dinámico del inconsciente. Pero en su tratamiento del inconsciente estaba implícito un significado estructural adicional que Freud elaboró hasta dar lugar a una nueva concepción de la personalidad no como un espacio, sino como un conjunto de estructuras que interactúan entre sí. El inconsciente no era simplemente un lugar en el espacio que contiene pensamientos fácilmente accesibles y pensamientos reprimidos. Se trata también de un sistema mental distinto de la conciencia que sigue sus propios principios fantásticos. En contraste con la conciencia, no rige en él la lógica, es emocionalmente inestable, vive tanto en el pasado como en el presento y no tiene ningún contacto con las realidad exterior.
Las ampliaciones
Durante la última década de su vida, Freud comenzó a aplicar el psicoanálisis a grandes cuestiones históricas y culturales.
El porvenir de una ilusión (1927)
La primera cuestión tenía que ver con el futuro de la religión. Desde la Ilustración, muchos filósofos como Augusto Comte comenzaron a desear la caída de la religión a medida que las explicaciones científicas del mundo y la naturaleza humana reemplazaban a los anticuados credos supersticiosos. Por otro lado, algunos sociólogos y antropólogos pensaban que, aunque las doctrinas religiosas acerca de Dios y de una vida después de la muerte fueran falsas, las instituciones religiosas eran hasta tal punto fundamentales en la vida social humana que las creencias religiosas nunca desaparecerían por completo.
El malestar en la cultura (1930)
Al comienzo de El Malestar en la cultura Freud escribió <>. Todos los seres humanos persiguen la felicidad y, según Freud, los sentimientos de felicidad más intensos proceden de la satisfacción directa de nuestros deseos instintivos, especialmente los sexuales. La cultura, sin embargo, nos exige renunciar en gran medida a dicha satisfacción directa y sustituirla por otras actividades culturales. Estos impulsos sublimados nos aportan menos placer que la satisfacción directa. A medida que la cultura se desarrolla, la felicidad disminuye.
El destino del psicoanálisis
A diferencia de la psicología de la conciencia, el psicoanálisis sobrevive, aunque su prestigio disminuye a medida que se averigua que los trastornos mentales tienen su origen en disfunciones del sistema nervioso y proliferan las terapias alternativas.

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